
Es aquella que trato de tener aunque me cuesta mantenerla ya que las contradicciones que se me presentan a diario van una tras otra alejándome de la realidad esperada, me cuesta encontrar el camino a la espera verdadera, me cuesta rejuvenecer cada día estos pensamientos que pesan en mi sentir, me cuesta hablar, decir, actuar, es difícil cuando todo se conjuga en un especie de universo distante que no puedo alcanzar.
Es posible mirar paciente las metas, y los deseos, es posible hacer la fila y ponerse a esperar largamente a que el destino cambie, pero el precio para al alma es insuperablemente valorizable.
Confío que todo puede cambiar y el rumbo del tiempo puede esforzarse por apoyarme un poco y darme una gota espontánea de pequeños reflejos de luz para mi espera. Por ahora solo conozco la palabra resignación, entrega y paciencia. Y me pregunto cual de las tres es la más difícil de alcanzar, creo que la resignación fue mi primer peldaño en superar, la entrega llegó por si sola, pero aún me falta la paciencia, creo que es la más difícil, en todo caso lo único que espero es que este placebo de esperas no se quede en el camino y se pierda entre la escoria redundante de la cotidianidad
El desasosiego es parte intrínseca de la paciencia desfavorecida que me ha tocado presenciar, es un abismo degradante y denigrante, es una especia de fe absoluta en algo que no se ve, que no se toca, solo se puede sentir.
Sendas de seda, trazos de tijera zigzag, boom de esponjosas tonteras que solo tienen sentido si he de esperar.- Impresora sin tinta que no termina de pasar hojas y hojas escritas en letra incolora e inconclusa, ya que todo no se revela, nada se escribe, solo existen percepciones abiertas, números infinitos imposibles de calcular.
Por ahora, solo eso, nada más que sencibilidad.
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