
Hay días en que pienso que las respuestas están todas en nuestra casa, no me refiero a aquel espacio físico en el que habitamos, sino a esa casa espiritual que sostiene nuestra mirada, aunque los problemas siempre están ahí y no se pueden ocultar con un solo dedo, a veces es mejor dejar que el río tome su propio curso y no tratar de intervenir y esforzarse por cambiar el ritmo y rumbo del agua hacía otro lugar, después de todo siempre va a correr por la parte mas adecuada.
En todo caso, creo que debemos tener a mano nuestro bote salvavidas para no ahogarnos en este caudal turbio y potente que abate y remece todo lo que encuentre a su paso.
Cuesta enfrentarse a la realidad cruda del desamor, la lejanía y casi inexistencia que genera el estar por mucho tiempo en el rincón oscuro esperando que amanezca para uno.
En fin, la reflexión de hoy solo quiere decir que a veces es mejor simplemente olvidar y tratar de esforzarse para no pensar en aquello que nos reduce y condiciona a una falsa de expectativa de espera incansable de respuestas que difícilmente en este momento vendrán.
El tiempo tiene su momento preciso, el es el dueño de su querer y su parecer, no es un reloj de arena a lo que refiero sino a la eternidad abizmante entre nuestro tiempo y el propio tiempo del tiempo. ¿Suena raro no? Pero es así, el tiempo es su propio dueño y deja que las cosas ocurran cuando uno menos lo espera. Pero, por algo será.
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